El agua salina en la jardinería

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Si tienes un jardín en casa, y no muy lejos de ella, la posibilidad de acceder a buena cantidad de agua salina, de seguro alguna vez habrás estado interesado en utilizar ésta última para regar las plantas y demás labores relacionadas con el jardín, incluso cuando no supieras de qué forma podían llegar a verse afectadas las especies allí plantadas. Por eso, queremos traerte una serie de interesantes consejos sobre su uso en estas situaciones.

Para comenzar, lo primero que deberás tener en cuenta es que no cualquier agua de mar es salina, y no cualquier agua que no sea de mar deja de serlo. Esto tiene que ver con que, para que un agua sea considerada salina, la concentración de sales debe ser mayor al gramo por cada litro. Es decir, si no llega a esa cantidad, aunque provenga de asentamiento, no es agua salina, y no tienes que seguir los siguientes consejos.

Ahora bien, si efectivamente has visto que lo que tienes a disposición es agua salina, conviene que consideres hasta qué punto es conveniente que la utilices sobre tus plantas, dado que lo más normal es que si éstas son regadas de esa forma, se marchiten y se sequen muy rápido, incluso aunque las riegues con mayor cantidad de lo líquido de lo normal.

El césped también es otro de los integrantes del jardín que se pueden ver altamente perjudicados de esta forma, considerando en principio que desarrolla en estos casos un bajísimo nivel de germinación de sus semillas, por lo que es muy probable que se termine secando, además de que se pone más duro, amarillento, y al año siguiente le costará horrores volver a tomar su mejor tono.

Por eso, si el agua del sitio donde habitas tiende a la salinidad, conviene que siempre busques plantas que se adapten mejor a este tipo de suelos y de agua, para de esa forma no tener que estar cuidándolas de más, ni temer que mueran.

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