Plagas de los frutales (IV)

Otra de las plagas que puede afectar a los árboles frutales es el Nematodos. Se trata de unos gusanitos muy pequeños, de 0.2 milímetros que se introducen en las raíces para alimentarse de ellas. Cuando los gusanitos se multiplican, alcanzando una gran cantidad, pueden llegar a matar a la planta.

Es cierto que no es nada fácil detectar si la planta está siendo atacada, porque los síntomas son muy parecidos a los que aparecen cuando se recibe exceso de agua o en épocas de sequía, falta de nutrientes. Las hojas se van poniendo de un color pálido, el crecimiento parece detenerse y el ejemplar se va marchitando lentamente.

Cuando se trata del género Meloydogine si se extrae las raíces del suelo se pueden ver algunos bultos o nódulos muy característicos.

Arboles frutales

Una forma para evitar esta enfermedad es la prevención. Para eso se debe desinfectar el suelo y los substratos. Si el ataque se produce en la maceta una buena alternativa es arrancar las platas afectadas y quemar todo, incluido el substrato. En cambio, si la infección es en el suelo, el control es más difícil.

Otro problema al que están expuestos los árboles frutales son los caracoles. Esta plaga puede llegar a ocasionar grandes daños a los árboles frutales. Afecta a las hojas, yemas, brotes, pudiendo matar a los ejemplares más jóvenes. En el caso de los árboles adultos daña severamente a sus frutos.

Los tratamientos tradicionales para los caracoles son en base a Metaldehido y Mesurol en gránulos o cebos. Se pueden colocar láminas de cobre sobre los troncos para evitar que suban a los frutos y a las hojas.

Por último nos referiremos a los roedores. En el caso de los ratones de campo tienen la costumbre de salir por la noche a buscar alimentos, semillas, raíces, ramas tiernas, insectos, además roer la corteza de los árboles, una buena alternativa para prevenir estos problemas es mediante cebos y ratoneras.

Los mejores son los cebos autocoagulantes y las trampas pegajosas. Los cebos anticoagulantes matan por ingestión varios días después de su consumo. Además los ratones no llegan a advertir el peligro. Los sistemas ultrasonidos son menos efectivos ya que los ratones terminan adaptándose a ellos.

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